El mundo de la guitarra clásica es por lo general bastante conservador. Las primeras guitarras que construí a pedido fueron creadas usando especies tropicales para fondo y aros, que se vienen utilizando en guitarrería desde el siglo XIX. Lo cierto es que las especies más tradicionales, como el palisandro de Río (también llamado jacarandá de Bahía) o la caoba se empleaban en España en el siglo XIX porque eran maderas que se utilizaban en ebanistería y carpintería fina en esa época, y no exclusivamente por sus cualidades sonoras. Numerosos estudios contemporáneos sobre el uso de especies alternativas en la construcción de instrumentos ponen en evidencia que la calidad sonora que puede lograrse empleando especies no tropicales no es inferior a la que se logra con especies usadas tradicionalmente. Es por esto que en los últimos años he empezado a utilizar (para fondo y aros, y también para diapasones y otros componentes) cortes de árboles recuperados de mi ciudad, así como madera autóctona de nuestro país y región. Entre otras especies, he empleado guayubira, ciprés, acacia robinia, acacia visco, olivo, paraíso y petiribí. El resultado sonoro ha sido muy positivo, aunque aún queda mucho por experimentar en este campo.